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Vivir en ese momento.

Atardecer en la playa de Gueirua (Cudillero-Asturias)


 Cuando llueva en tus ojos,
cuando te sientas al borde del abismo
y necesites hablar,
y nadie quiera escucharte, cuenta conmigo.
Sea verano o invierno,
y tu temor falso o cierto.
De día o a medianoche, no importa, 
cuando me necesites, llámame,
estaré contigo en ese momento.
Cuando haya bruma en tu vida
y el hastío amuralle tu camino,
cuando estés acorralada
y no tengas fuerzas para seguir adelante, 
cuenta conmigo.
Aunque la tormenta azote la calle
y este profundamente dormida.
A cualquier hora, en cualquier parte, no importa.
Cuando me necesites llámame.
Estaré contigo en ese momento.
Cuando estés en el fondo
y tu impulso no sea suficiente para subir
y nadie te ayude, llámame.
Estaré contigo en ese momento.

Mº Teresa G. Arribas.




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Carcajadas.


   Una tarde aburrida de domingo me arrastraron a una sesión de fotos que no me apetecía, estaba cansada y tenía miles de cosas que hacer, pero mi niña es muy insistente...

 

   Siempre ha sido mi mejor modelo, llevo haciéndole fotos desde que era una enana y cada vez lo disfruta más y yo con ella.



   Es increíble la de tonterías que puedo ser capaz de hacer para disfrutar de su risa.

  No podemos dejar de reír nunca. Hay que buscar la manera de reírse de la vida, de desahogar, de llorar,  de sentir ese dolor de mandíbula y de tripa que  hace sentir tan feliz.


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Colaboraciones.




Y de pronto un día, te llega un correo electrónico especial entre las decenas que entran en mí bandeja de entrada, tengo el Diógenes de las suscripciones … Pero a lo que íbamos…  Me llegó ¡EL CORREO!
 Una agencia de marketing se dirigía a mi para que promocionara los productos de una tienda, en este caso de animales ¿yo? Es decir ¿mi perro? Tenía que ser una broma, una estafa o algo así… Seguro que me mandaban un paquete bomba. Con los millones de cuentas que hay en Instagram ¿Cómo se iban a fijar en mí? Esas cosas no me pasan… La chica incluso me llamó por teléfono y me explico todo despacito para que lo entendiera bien, y a me dio un ataque de verborrea, la pobre debió pensar que era un poco a las tres menos cuarto…vamos que me faltaba una garcilla para estar completa.
        Busqué información sobre la agencia, la tienda, la chica que me llamó, en plan investigación criminal de peli americana. Todos eran humanos, ni un solo extraterrestre parecía estar “metido en el ajo”.
Solo tenía que hacer una foto a Thor con los productos que me iban a enviar y subirla a Instagram. No podía ser… Espere el paquete con mucho nerviosismo segura de que el repartidor me iba a pedir 200 euros de gastos de envío,  después me mataría en la puerta de casa con una pistola de 35mm con silenciador. Para mi sorpresa no fue así, todo era gratuito y lo único que querían de mi era lo que me dijeron. En fin, Dios es bueno y mi autoestima subió un montón que falta me hacía.
   A las pocas semanas otra agencia se puso en contacto conmigo ofreciéndome más o menos lo mismo, a estos les conteste fingiendo profesionalidad como si anduviera yo en estos menesteres a diario… Si me vieran dando saltitos mientras contestaba el correo… ainss.
    Aquí la cosa se complicaba un poco, porque no solo querían la foto de Thor con el producto, sino que también tenía que salir yo. ¿Yo? No, yo no… ¡Qué vergüenza! Una cosa es hacerme una foto haciendo el chorra y subirla a Instagram, y otra que alguien quiera expresamente que salga en la foto con mi cara de pepino, me costo Dios y ayuda decidirme pero al final hice la foto. Juro por Snoopy que ni siquiera la edite con Photoshop.

      Ya me estaba poniendo yo “más alta que ancha”, (se que los refranes no son lo mío, no me lo tengáis en cuenta) cuando a través de Instagram me llegó un mensaje privado de otra nueva agencia. ¡Hola Ángela! ¿Te apetece que te invitemos a una cena para dos en un restaurante que se acaba de inaugurar? ¡Anda ya! Esto si que tiene que ser una coña… Estos son unos capos de la droga y al llegar a la dirección que me escriben, dos gorilas me descuartizan y venden mis órganos, pues menuda birria se va a llevar, ¡qué se fastidien!
   Esta vez para ser sincera si estuve a punto de rajarme… Pero al final haciendo un sacrificio por mis miles de fans, arriesgue mi vida en la peligrosa misión.
     El restaurante ¡una pasada! Tenían la reserva hecha por la agencia y nos recibieron si ninguna violencia. No paraban de ofrecernos cosas y de traer platos, a mi me entraba una risa tonta y no paraba de buscar donde estaba la cámara oculta, no fui capaz de dar con ella, entonces aumento mi preocupación... llegue a la conclusión de que me la iban a meter por la nariz cuando nos trajeran la cuenta. Pero me volví a equivocar, a media voz le dije a un camarero: - ya acabamos…- ¿qué tal todo? – Bien, majete muy bien. Y nos acompañó muy cariñoso hasta la puerta, que chicos y chicas más majos, guapos y profesionales. Cuando crucé la puerta de salida empecé a portarme como “una cabra loca” y a decirle a mi consorte ¿viste, viste, viste? ¡No pagamos!

  Pues nada aquí os dejo mis andanzas como influenciadora, que no voy a decir INFLUENCER para que no penséis que me lo tengo creído.

  Que conste que cada una de las fotos que hice para las distintas agencias me costo un gran trabajo mental, físico y espiritual.

  Ya veis que no todo es malo y a veces la vida te regala cosas, ¡nunca mejor dicho! Jijiji

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